
Acabo de ver el segundo capítulo de Guante blanco y, la verdad, me ha gustado. Por supuesto que no tiene nada que ver con la adicción espontánea que me provocó el primero de Lost o de The Wire, por poner dos casos. Pero Carlos Hipólito... No sé. Ese tío tiene algo que me atrae, salvando mi heterosexualidad. Quizás, eso sí, lo veo demasiado cansado. Como si la culpabilidad por la muerte de su esposa se hubiera convertido en una úlcera del tamaño de tres campos de fútbol (para que ustedes comparen). Leticia Dolera es, sin duda, la actriz más locutora que he encontrado jamás. La más robótica. La más espantosa. Creo que los guionistas previeron su escasa solvencia y retiraron gran parte de las réplicas que ya le habían escrito. Buen trabajo, chicos, porque, desde Nicholas Cage en Asesinato en 8 mm., no he visto una interpretación peor. Y no me hagan hablar de Jorge Roelas. En mi vida he visto un enfado tan desenfadado como el suyo. ¿Por qué siempre le dan papeles de lerdo? Vamos, no me lo imagino en Ocean's Eleven, pero cuando lo vi en la foto de grupo de la serie, imaginé que sería un tipo espabilado, de aquellos que apelan a su experiencia para resolver un caso. Pues no: es Marcial vestido de traje y con barba.
La trama horizontal principal (la del poli y el caco) me chirría. Demasiada coincidencia. Demasiada proximidad. Está muy bien eso de conocer sus universos familiares para empatizar con los dos por igual (con el poli por puteado, con el caco por progre y padrazo), pero me parece que a los productores se les ha ido la mano, porque, al menos en el capítulo de hoy (“El Stradivarius”), las tramas policiales se disolvían como un terrón de azúcar o, sencillamente, no interesaban. Además, creo que algunos elementos han quedado mal explicados. Me refiero al método que usan Mario (el ladrón jefe) y su grupo para dar el cambiazo del violín. Quizá me ha pillado pasando pesetas a euros mentalmente, pero no me he enterado demasiado bien. Sobra comentar que se trataba del clímax de esta trama y que, por tanto, merecía un trato especial. Al igual que el Hastiado, a quien agradezco su post, porque si no lo hubiera leído, TVE hoy no se hubiera ganado un espectador más, por lo que también TVE debería agradecérselo, creo que las tramas policiales-ladronales (sí, la palabra es mía) resultan un tanto anodinas, demasiado facilonas. Ésta es la policial: unos cuantos ladrones entran en un museo, sustraen un cuadro y lo devuelven intacto. La policía descubre que en realidad distraían la atención de los investigadores, porque en realidad estaban cambiando otro cuadro por una copia. El inspector Valle lo descubre, pero, para proteger la imagen del museo, el Ministerio del Interior ordena cerrar el caso. Y nosotros, pobres mortales, nos quedamos con una flacidez de expectativas un tanto desconcertante. ¿Por qué no avanzar la investigación hasta descubrir el meollo y luego seguir la pista del ladrón a través de otros delitos? Es una trama reseca, pero mucho más convincente que la presentada.
A pesar de sus pequeñas irregularidades, fruto de las prisas de producción y del self service al que se somete la televisión en España, creo que la semana que viene repetiré.


El Caminante
23 oct 2008 | 01:14
Hola
Esta muy bueno tu blog y tus comentarios
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un abrazo