Hace tres semanas Canal 9 estrenó Singles, una sitcom dirigida a treintañeros, un público más o menos parecido al de 7 vidas. Está bien que RTVV continúe apostando por la ficción, aunque sea la ficción de productos sobados. Motivos no le faltan: si bien Altra oportunitat se resbaló antes de lo previsto, otras series como L'alqueria blanca, por una parte, o Maniàtics, en el mismo tono de humor que marca Singles, funcionaron mientras al público (y a los directivos; sobre todo a los directivos) le pareció bien. El problema, ahora, como siempre, es económico.

He de confesar que ignoro totalmente las cláusulas con que la productora (Nadie Es Perfecto) y Canal 9 cerraron el contrato, pero puedo intuir una, la más clara: caras conocidas; nada de “actores jóvenes que lo harán muy bien y que han ganado tal o tal otro premio y, hágame caso, señor director, esta tía funciona”. Es comprensible, en este sentido, que el presupuesto para el guión quedara en un segundo plano. Y, aún, a cambio de una interpretación más que cuestionable.

Según tengo entendido, los –¡dos!-- guionistas disponen de UNA SEMANA para escribir un capítulo. Y cuando hablo de escribir, me refiero a escaletarlo y dialogarlo. Una sola semana. Además, tienen que llenar cincuenta minutos de ficción en prime time con tramas vividas por personajes estereotipados. En el último capítulo, había hasta tres tramas y un running, lo cual diluye la fuerza de cada una de ellas. Las prisas son siempre malas compañeras, excepto si se conduce una ambulancia.

Culpa de los guionistas (al menos, presuntamente):

a) La elección de los espacios. Cuatro: piso, bar, calle y sala de café de oficina. Piso y bar, necesarios. Calle: prescindible, ya que lo único que obtenemos, a nivel de guión, son las apariciones totalmente injustificadas de los personajes que interesan. Junto con las apariciones injustificadas del bar (que para eso está, aquí y en todas las sitcoms), son demasiadas concesiones a la credulidad del espectador, siempre dispuesto a denunciar la casualidad con que suceden las cosas. Sala de café de oficina: se trata de un espacio laboral, en una serie de corte familiar, que se puede aprovechar para dar veracidad a los personajes, porque son seres humanos que trabajan. También se puede (de hecho es su cometido principal) aprovechar para que los personajes interactúen con otros personajes. En Singles, la sala de café cumple las mismas funciones guionísticas que el bar. Exactamente las mismas. No encontramos a un jefe surreal ni a un compañero gótico ni a un recepcionista infantil... Vemos a los mismos personajes que en el bar, haciendo lo mismo que en el bar: charlar y tomar café. Insisto: supongo que todo se deberá al presupuesto.

b) La suavidad de las tramas, que parecen diseñadas por las madres de los personajes, siempre celosas del bienestar de sus hijos. Así, en una cena de empresa, P. no se enrolla con su jefa porque piensa en las consecuencias de una aventura de tal magnitud; después de haberse bebido el vodka de tres barras, T. no vomita en el portal porque el ácido puede manchar las baldosas e irritar a los vecinos; y, como ocurrió en el último capítulo, el personaje interpretado por Enrique Arce, después de dos escenas, pica en el timo que perpetra el personaje interpretado por Artur Valls, pero cuando, al cabo de algunas peripecias, consigue el dinero, la pasma trinca a Valls y Arce tiene la suerte de no habérselo entregado todavía. ¿No hubiera sido más divertido que se lo hubiera dado? ¿No hubiera sido más divertido ver cómo se las arregla para justificar la pérdida a la verdadera dueña del dinero? Si, tal y como están las cosas, el clímax de cada trama se convierte en un giro que conduce a una situación de mayor peligro, en la que hay más en juego, la serie ganará intensidad y quizá la gente se irá a la cama más tarde o, mejor aún, no cambiará de cadena.

c) Hay escenas en las que no ocurre nada. Sin conflicto, sin pulso... Nada. Cualquier producto de ficción audiovisual, excepto determinados fragmentos de The Wire o experimentos varios, donde esta serie no cabría, nos debe presentar los tramos más interesantes de la vida de sus personajes. Pero en determinados momentos de Singles tengo la impresión de que me enseñarán cómo mea, cómo moja las galletas en el café o cómo mira llover cualquiera de ellos, sin que ello repercuta en su rutina lo más mínimo.

Creo que, sobre todo, plana la certeza de que las caras conocidas no garantizan ningún tipo de éxito. Y es una pena, porque con tiempo y dinero (o con un dinero mejor distribuido), el producto hubiera salido ganando. Sin duda. Pero la tele, en general, es así, y Canal 9, en particular, es más así que nadie.