El anuncio de Mikado me pone enfermo. No es actual. Se trata de cuatro personajes imbéciles, sacados de la mente edulcorada de un publicista demasiado puesto como para resultar solvente, que interpretan el Danubio azul de Strauss a base de mordiscos a las barritas promocionadas. ¿Acaso los creativos creen que somos imbéciles y que atenderemos a su desbordante ingenio? Quizá haya alguna estrategia subtextual en todo esto y, después de ver el anuncio, la gente corra a comprar Mikado urgentemente. O quizá el anuncio forme parte de un plan global para acabar con la humanidad tal y como la conocemos hoy en día. El caso es que a mí me dan ganas de sentar a su diseñador ante una pantalla de cine, apuntalarle los párpados para que no pueda cerrarlos, sujetarle la cabeza e ir suministrando solución oftálmica para que no se sequen las cuencas y esté obligado a no ver más que el mismo anuncio centenares de veces, a ver si así aprende a decir “compren ustedes estas barritas” sin tener que provocarnos vergüenza ajena.

Hoy me he dado cuenta de que los anuncios malos ya no son los de detergentes, si bien todavía hay algunos que conservan tan lamentable honor:

--Hola. Vengo del futuro para decirte que Neutrex es la lejía del futuro-- dice una mujer con el pelo blanco, encorsetada en un mono, pues eso, del futuro.

--Ah, ¿sí? Oye, ¿y por qué coño no me dices qué valores bursátiles tenderán al alza desde hoy hasta tu futuro? Así estaré tan forrada que dejaré al patoso de mi marido para irme con otro al que no tenga que lavar las camisas.

Otro de los spots para imbéciles es el último de ING, en el que vemos un plató en el que un presentador nos explica las prestaciones del producto y, de fondo, cinco o seis pantallas con imágenes del R-28 de Fernando Alonso, esponsorizado por ING. El presentador no hace ninguna referencia a la fórmula 1 ni a nada que se le parezca; simplemente intenta convencer al espectador, lo cual me inclina a creer que para los publicistas, el hecho de patrocinar el coche de Alonso, más que un medio de promoción, es una finalidad, para ponerse medallitas en plan “cuidadín, que yo patrocino a Alonso y por eso soy un buen banco que hace fresh banking”. Aunque, para ser sincero, los anuncios de ING me pasan tan inadvertidos como los de Polaris World, porque ni abriré una cuenta en uno ni me compraré una casa de otro, por más que me intrigue saber por qué siguen vendiendo viviendas.

Ante este panorama de –subjetivo-- fracaso de la publicidad en España, ayer apareció la luz: el anuncio de Fujitsu, sin hache. Publikda, que es una publicista que tiene un blog muy interesante sobre la materia, hace mención en uno de sus posts. Me ha parecido curioso aquello de vincular la hache con la marca, después de haberlo conseguido con el silencio en campañas anteriores. Quisiera añadir aquí el vídeo para que lo viérais, pero no lo he sabido encontrar, así que lo describo:

Sobre planos de aquello con lo que están directamente relacionadas, aparecen sobreimpresionadas palabras que empiezan con hache, pero que no la llevan escrita, y enumero de cabeza: ielo, otel, umor... Como remate, una voz en off muy suave dice: “No suena, pero cuando no está, lo echamos de menos. Fujitsu, el silencio”. Simplemente, magnífico. No sólo admiro el ingenio del publicista, sino también la facilidad con la que ha relacionado la hache (muda) con el aparato de aire acondicionado.

Un anuncio que ha despertado cólera en mi círculo es el del aire acondicionado York: “La duquesa de York come jamón york en Nueva York”. Es malo, pero creo que es justo tener en cuenta que la marca York aspira a hacerse un hueco entre tantas otras, y una buena manera de saber que hay una marca de aires acondicionados llamada York es, justamente, la usada: la eficacia en detrimento del ingenio.

Por triste que parezca, creo que el futuro de la publicidad está en la mentira, aunque sea una mentira muy bien calculada. Ayer mismo me enteré de que más del 50% de los estadounidenses que fueron al cine a ver The Blair Witch Project pensaban que, en efecto, se trataba de una cinta de vídeo encontrada en los bosques de Maryland. No hubiera ocurrido en Europa. Aquí somos más del escepticismo visceral y de la crítica racional e irracional. Pues bien, el bulo fue difundido a través de la red por los productores de la película. ¿Hay alguna publicidad mejor? No obstante, tampoco creo que a Mikado, a Neutrex, a Fujitsu o a York se les haya pasado por la cabeza un bulo como: “¿Te has enterado de lo que le pasó ayer a Ricky Martin con una sorpresa, un perro, su dueña y la mermelada de albaricoque? Pues resulta que el aire acondicionado era Fujitsu”. Aunque parece que si se trata de vender el producto, todo vale. Tiempo al tiempo.