Hay gente que, aun sin haber explorado en su obra, me resulta cargante. Quizá Carmen Posadas no sería la primera de la lista: lo es Pérez-Reverte; y si no, pasen y lean este articulito. Posadas ya me parecía una mujer eminentemente superficial y lo acabé de constatar esta semana, en En noches como ésta. Y es que estos escritorcitos que ganan un Planeta y se instalan en el Olimpo a perpetuidad me producen una grima insoportable. Cada vez que les preguntan algo en una entrevista revisan todo su inventario de leccioncitas para imbéciles, quizá con la intención de que el día siguiente alguien cuelgue la perla en su blog y, con tiempo y suerte, la leccioncita se convierta en un proverbio de azucarillo. En este caso, Lucas le preguntó a Posadas algo sobre el glamour. “¿Sabe usted de dónde viene la palabra glamour?”, contestó ella, un pelín arrogante. Fue justo cuando determiné cambiar de canal antes de vomitar, porque no, no sé de dónde viene la palabra glamour, pero sospeché que ella traía la reflexión etimológica preparada de casa para colocarla a la mínima y, acto seguido, hilar una reflexión tremendamente estúpida buscando un “¡oooooh!” de la audiencia. Más tarde, al preguntarlo a mi chica (la pobre se quedó mirando la entrevista), supe que sí, que así fue. Como he apuntado, la leccioncita fue el remate. Ya antes nos había explicado otro rasgo característico de los escritores de un Planeta: la excentricidad. Un momento. ¡Miento! Todos los escritores, incluso los que no nos casamos con Mariano Rubio, tenemos excentricidades. Yo mismo me pongo un sombrero de ala corta para trabajar, pero no me siento especialmente orgulloso de ello y sólo lo cuento aquí, en la intimidad. No tengo ningún motivo. No es ninguna superstición. Tengo un sombrero y una cabeza y el resto es cuestión de lógica. Pero –insisto-- no me atrevería a enarborar dicha imbecilidad como marca de la casa, sino como eso: pura imbecilidad. Posadas no se pone un sombrero de ala corta, sino que escribe todas las primeras páginas de sus novelas con boli, y ya, si eso, luego continua con el ordenador. ¿Y? Es decir, ¿qué cojones nos importa esto? A mí, nada. Debió creer que el día siguiente centenares de aprendices de escritor iniciarían su primera novela a boli, “como la Posadas”. El patrón de entrevista a escritorcito de un Planeta estaba siendo obedecido a la perfección. Quizás hasta aquí ustedes no hayan advertido ninguna estridencia y continuen creyendo que, a pesar de no ser el colmo de la originalidad, Posadas tampoco merce el trato que le doy. Bien. Quédense con esta frase: “A los doce años me operé la nariz. Tenía una nariz horrorosa y la operación me cambió la vida.” Si Posadas me quiere hacer creer que puede indagar en el universo interior de personajes complejos para provocar que una realidad oculta aflore ante mí, debería empezar por ella misma, pues más que universo interior, lo suyo es un barrio interior. Y el chiste se lo regalo a ustedes. Por simpáticos.
25 Octubre 2008
El glamour y el Planeta
25 oct 08 Autor: oinos23 Octubre 2008
Mi primer Guante blanco
23 oct 08 Autor: oinos
Acabo de ver el segundo capítulo de Guante blanco y, la verdad, me ha gustado. Por supuesto que no tiene nada que ver con la adicción espontánea que me provocó el primero de Lost o de The Wire, por poner dos casos. Pero Carlos Hipólito... No sé. Ese tío tiene algo que me atrae, salvando mi heterosexualidad. Quizás, eso sí, lo veo demasiado cansado. Como si la culpabilidad por la muerte de su esposa se hubiera convertido en una úlcera del tamaño de tres campos de fútbol (para que ustedes comparen). Leticia Dolera es, sin duda, la actriz más locutora que he encontrado jamás. La más robótica. La más espantosa. Creo que los guionistas previeron su escasa solvencia y retiraron gran parte de las réplicas que ya le habían escrito. Buen trabajo, chicos, porque, desde Nicholas Cage en Asesinato en 8 mm., no he visto una interpretación peor. Y no me hagan hablar de Jorge Roelas. En mi vida he visto un enfado tan desenfadado como el suyo. ¿Por qué siempre le dan papeles de lerdo? Vamos, no me lo imagino en Ocean's Eleven, pero cuando lo vi en la foto de grupo de la serie, imaginé que sería un tipo espabilado, de aquellos que apelan a su experiencia para resolver un caso. Pues no: es Marcial vestido de traje y con barba.
La trama horizontal principal (la del poli y el caco) me chirría. Demasiada coincidencia. Demasiada proximidad. Está muy bien eso de conocer sus universos familiares para empatizar con los dos por igual (con el poli por puteado, con el caco por progre y padrazo), pero me parece que a los productores se les ha ido la mano, porque, al menos en el capítulo de hoy (“El Stradivarius”), las tramas policiales se disolvían como un terrón de azúcar o, sencillamente, no interesaban. Además, creo que algunos elementos han quedado mal explicados. Me refiero al método que usan Mario (el ladrón jefe) y su grupo para dar el cambiazo del violín. Quizá me ha pillado pasando pesetas a euros mentalmente, pero no me he enterado demasiado bien. Sobra comentar que se trataba del clímax de esta trama y que, por tanto, merecía un trato especial. Al igual que el Hastiado, a quien agradezco su post, porque si no lo hubiera leído, TVE hoy no se hubiera ganado un espectador más, por lo que también TVE debería agradecérselo, creo que las tramas policiales-ladronales (sí, la palabra es mía) resultan un tanto anodinas, demasiado facilonas. Ésta es la policial: unos cuantos ladrones entran en un museo, sustraen un cuadro y lo devuelven intacto. La policía descubre que en realidad distraían la atención de los investigadores, porque en realidad estaban cambiando otro cuadro por una copia. El inspector Valle lo descubre, pero, para proteger la imagen del museo, el Ministerio del Interior ordena cerrar el caso. Y nosotros, pobres mortales, nos quedamos con una flacidez de expectativas un tanto desconcertante. ¿Por qué no avanzar la investigación hasta descubrir el meollo y luego seguir la pista del ladrón a través de otros delitos? Es una trama reseca, pero mucho más convincente que la presentada.
A pesar de sus pequeñas irregularidades, fruto de las prisas de producción y del self service al que se somete la televisión en España, creo que la semana que viene repetiré.
16 Octubre 2008
Un poco de dinero más (o mejor)
16 oct 08 Autor: oinos
Hace tres semanas Canal 9 estrenó Singles, una sitcom dirigida a treintañeros, un público más o menos parecido al de 7 vidas. Está bien que RTVV continúe apostando por la ficción, aunque sea la ficción de productos sobados. Motivos no le faltan: si bien Altra oportunitat se resbaló antes de lo previsto, otras series como L'alqueria blanca, por una parte, o Maniàtics, en el mismo tono de humor que marca Singles, funcionaron mientras al público (y a los directivos; sobre todo a los directivos) le pareció bien. El problema, ahora, como siempre, es económico.
He de confesar que ignoro totalmente las cláusulas con que la productora (Nadie Es Perfecto) y Canal 9 cerraron el contrato, pero puedo intuir una, la más clara: caras conocidas; nada de “actores jóvenes que lo harán muy bien y que han ganado tal o tal otro premio y, hágame caso, señor director, esta tía funciona”. Es comprensible, en este sentido, que el presupuesto para el guión quedara en un segundo plano. Y, aún, a cambio de una interpretación más que cuestionable.
Según tengo entendido, los –¡dos!-- guionistas disponen de UNA SEMANA para escribir un capítulo. Y cuando hablo de escribir, me refiero a escaletarlo y dialogarlo. Una sola semana. Además, tienen que llenar cincuenta minutos de ficción en prime time con tramas vividas por personajes estereotipados. En el último capítulo, había hasta tres tramas y un running, lo cual diluye la fuerza de cada una de ellas. Las prisas son siempre malas compañeras, excepto si se conduce una ambulancia.
Culpa de los guionistas (al menos, presuntamente):
a) La elección de los espacios. Cuatro: piso, bar, calle y sala de café de oficina. Piso y bar, necesarios. Calle: prescindible, ya que lo único que obtenemos, a nivel de guión, son las apariciones totalmente injustificadas de los personajes que interesan. Junto con las apariciones injustificadas del bar (que para eso está, aquí y en todas las sitcoms), son demasiadas concesiones a la credulidad del espectador, siempre dispuesto a denunciar la casualidad con que suceden las cosas. Sala de café de oficina: se trata de un espacio laboral, en una serie de corte familiar, que se puede aprovechar para dar veracidad a los personajes, porque son seres humanos que trabajan. También se puede (de hecho es su cometido principal) aprovechar para que los personajes interactúen con otros personajes. En Singles, la sala de café cumple las mismas funciones guionísticas que el bar. Exactamente las mismas. No encontramos a un jefe surreal ni a un compañero gótico ni a un recepcionista infantil... Vemos a los mismos personajes que en el bar, haciendo lo mismo que en el bar: charlar y tomar café. Insisto: supongo que todo se deberá al presupuesto.
b) La suavidad de las tramas, que parecen diseñadas por las madres de los personajes, siempre celosas del bienestar de sus hijos. Así, en una cena de empresa, P. no se enrolla con su jefa porque piensa en las consecuencias de una aventura de tal magnitud; después de haberse bebido el vodka de tres barras, T. no vomita en el portal porque el ácido puede manchar las baldosas e irritar a los vecinos; y, como ocurrió en el último capítulo, el personaje interpretado por Enrique Arce, después de dos escenas, pica en el timo que perpetra el personaje interpretado por Artur Valls, pero cuando, al cabo de algunas peripecias, consigue el dinero, la pasma trinca a Valls y Arce tiene la suerte de no habérselo entregado todavía. ¿No hubiera sido más divertido que se lo hubiera dado? ¿No hubiera sido más divertido ver cómo se las arregla para justificar la pérdida a la verdadera dueña del dinero? Si, tal y como están las cosas, el clímax de cada trama se convierte en un giro que conduce a una situación de mayor peligro, en la que hay más en juego, la serie ganará intensidad y quizá la gente se irá a la cama más tarde o, mejor aún, no cambiará de cadena.
c) Hay escenas en las que no ocurre nada. Sin conflicto, sin pulso... Nada. Cualquier producto de ficción audiovisual, excepto determinados fragmentos de The Wire o experimentos varios, donde esta serie no cabría, nos debe presentar los tramos más interesantes de la vida de sus personajes. Pero en determinados momentos de Singles tengo la impresión de que me enseñarán cómo mea, cómo moja las galletas en el café o cómo mira llover cualquiera de ellos, sin que ello repercuta en su rutina lo más mínimo.
Creo que, sobre todo, plana la certeza de que las caras conocidas no garantizan ningún tipo de éxito. Y es una pena, porque con tiempo y dinero (o con un dinero mejor distribuido), el producto hubiera salido ganando. Sin duda. Pero la tele, en general, es así, y Canal 9, en particular, es más así que nadie.
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15 Julio 2008
El planeta más alejado del Sistema Solar
15 jul 08 Autor: oinos
Aunque supongo que a nadie le habrá importado demasiado, por cuestiones profesionales me he alejado un poco de la blogosfera, pero regreso ahora para poner de manifiesto un error flagrante.
Resulta que en la promo de ¿Sabes más que un niño de primaria? una profesora pregunta a sus alumnos, textualmente, "¿cuál es el planeta más alejado del Sistema Solar, Holgado?". El gag es que Holgado (creo que así se apellida) responde que es Plutón, lo que la profesora corrige: "Plutón ya no es un planeta". Evidentemente, se da a entender que muchas veces, los adultos vamos por detrás de los niños en lo que a conocimientos actuales se refiere.
El caso es que la profesora formula mal la pregunta. El Sistema Solar es un sistema galáctico en el que ocho planetas giran alrededor del sol. El planeta más alejado de este sistema no es, como pretenden los publicistas de Antena 3, Neptuno, dado que Neptuno forma parte del mismo Sistema Solar. Por supuesto, ignoro de qué planeta se trata, pero propongo una reformulación de la pregunta: "En el Sistema Solar, ¿cuál es el planeta más alejado del sol, Holgado?". Y si eso, que Holgado conteste lo que le apetezca.
19 Junio 2008
No pasarán
19 jun 08 Autor: oinos
Hace poco, un amigo, guionista empleado en una productora, me contó una anécdota.
Por cuestiones de baja audiencia y por el bajo o nulo presupuesto de Canal 9, debido, sin duda, a la mala gestión de la televisión pública, el proyecto para el que escribe se tiene que realizar este año con menos dinero y menos tiempo que en la temporada pasada. La productora no pudo más que bajarse los pantalones y consentir a la cadena que introdujera su flácido miembro en el sagrado esfínter de los beneficios económicos. El cometido resultaba irrealizable. La productora decidió contar con todos los guionistas que hasta el momento habían contribuido a impulsar los programas anteriores a cimas inalcanzables de audiencia. Esto la honraba.
Pero en televisión siempre falta tiempo. Pasados quince días desde el inicio, no había material suficiente para cumplir los plazos precisos que la productora había establecido para optimizar gastos, en función de los reducidos ingresos que suministraba Canal 9 en este segundo año de emisión. Así, se planteaba el problema de que se necesitaban una o dos semanas más de escritura, lo cual, evidentemente, dinamitaba el presupuesto inicial. Ante tal problema, la productora advirtió que todos aquellos guionistas que no consiguieran los objetivos que unilateralmente se habíen estipulado, quedarían relegados de la molesta tarea de levantarse todos los días para ir a trabajar, con lo cual la productora se ahorraba unos cuantos sueldos que invertiría en las semanas extra del resto de guionistas.
Entre los guionistas (esos seres de gafas de pasta, barba, largas faldas, turbantes i uñas pintadas de negro, según las preferencias) hubo consenso: se plantearía a la empresa una primera alternativa a los despidos. Si no se aceptaba, habría que pasar a la acción. En definitiva, se propuso aumentar la jornada laboral para cumplir los plazos. Con ello se regalaba a la empresa un día más por semana a cambio de reconsiderar los despidos. La empresa aceptó, no sin señalar que aquel recurso les parecía insólito y que decía mucho a favor de ese gremio insondable de genios endogámicos que conformamos nosotros, los guionistas.
De manera que, amigos y amigas, cuando creais que todos los que os rodean son unos hijos de la gran putísima, pensad que es posible que sólo lo finjan, porque, al fin y al cabo, están tan necesitados como vosotros. Y es así como se tejen los movimientos cívicos: por necesidad. Y con muchos cojones y muchos ovarios juntos.
1 Junio 2008
Por tu puta madre
1 jun 08 Autor: oinos
Siempre ando con retraso y veo las películas cuando ya todo el mundo me ha contado el final. Debe ser cosa de masoquismo. Pero quizá salgo ganando y con las opiniones de los demás me voy formulando la mía propia, lo cual es denominado prejuicio en la cultura occidental. Al fin y al cabo, que levante la mano el que se quiera salvar.
Esta semana, pues, he visto [REC]. Las comparaciones con Monstruoso eran obligatorias (como El orfanato con Los otros o cualquiera de Vicente Aranda con cualquiera de las de los estudiantes de cine de Ruanda, dando por hecho que no existe en Ruanda escuela de cine). El hecho es que Monstruoso no le aguanta a [REC] ni un asalto. [REC] nos introduce inmediatamente en la situación de partida: dos reporteros novatos acompañarán a un grupo de bomberos durante una noche. Esto ya justifica la cámara al hombro. Además, la situación de partida explica perfectamente que los actantes entren en la trama casi in media res, es decir, cuando llegan al lugar de los hechos, el agua está a punto de hervir. Así, asistimos a una presentación de personajes con la tensión de un conflicto en marcha que les puede salpicar en cualquier momento. Tampoco los personajes requieren demasiada profundidad; es simplemente una cuestión de conocer sus rasgos diferenciales para poder reconocerlos y hacernos una idea de lo que se está cociendo.
Lo que sin duda destacaría de [REC] es el ritmo trepidante; canónico en las películas de cámara al hombro, pero no por ello garantizado. Las escenas de acción están distribuidas de forma magistral, casi sinfónica. Y absolutamente todas están justificadas. Nada de momentos en los que el héroe, con gesto a la par audaz y ceremonioso, en contrapicado, mira a la heroína y le suelta: “Voy a subir”. Y entonces se sobreviene una escena de acción totalmente gratuita en la que todos queremos que un zombi se lo cargue. Por gilipollas. Pero llegado el momento, el guionista –mediocre-- se inventa un recurso inesperado por el cual el zombi muere y el héroe regresa al grupo habiendo explorado la zona o cualquier chorrada semejante. Es el mismo momento en que yo, sin ir más lejos, cojo la posturita, si estoy en el cine, o me preparo un cocido, si estoy en casa, con la esperanza de que cuando vuelva ante la tele, la hayan palmado todos y los zombis se hayan salido con la suya. En [REC] no hay heroicidades ni valentitos que exploran zonas. En [REC] el grupo permanece unido. Es el peligro el que los acorrala y no al revés. Tampoco hay nadie que pretenda arreglarlo todo. En [REC], como es lógico, los personajes quieren huir, regresar a la calma inofensiva de sus hogares y al ruido adorable de sus vecinos cuando follan, cuando ponen la música demasiado alta o cuando se meten en obras, lo cual, por cierto, suele ocurrir en verano.
También creo interesante, en la misma dirección que el ritmo, que tan pronto como descubren que en el edificio ocurre algo fuera de lo común, afuera se encuentran medio ejército de tierra y otro medio de aire, que, además, les impide la salida por el riesgo para la salud pública. Esta secuencia: entrada en casa de la anciana denunciante (primera agresión y desconcierto) – prohibición de salir del edificio, en el portal – caída de un bombero por el hueco de la escalera, también en el portal, es francamente un inicio de trama extraordinario. Nos encontramos ante una serie de sucesos que nos perturban (las agresiones zombi) y que nos despiertan la curiosidad (la cuarentena).
Quizá esta afirmación revele mi ignorancia, pero agradecí a los guionistas de 28 días después que los zombis corrieran. Caía así el zombi lento y patoso de La noche de los muertos vivientes. La diferencia radicaba en la naturaleza de su zombismo, porque “no son zombis: son infectados”. Hecho esto, los guionistas se ahorran preocupaciones como que si hay un solo zombi, se encierra y punto, porque no puede morder y no contagia nada con su sangre, con lo cual la diseminación de la amenaza resultaría más compleja y menos creíble. Los infectados, en cambio, contagian casi con la mirada. A mí me acojonaba tanto la de los infectados de 28 días después (y sus semanas) que dudo que hubiera podido defenderme si me hubieran atacado. Aunque también es cierto que soy de carácter asustadizo, hasta el punto de que me inquieta la figura parpadeante del semáforo cuando está a punto de cambiar el verde por el rojo. Pero ésa es otra historia. En [REC], el contagio se acelera tanto que en el tercer acto miraba a mi chica y la veía de otra manera, como más infectada. No hace falta justificación. Ya conocemos las aptitudes proselitistas y corporativistas de los zombis.
Encontré pocos clichés, y los pocos que encontré eran más bien normas del género: la ya expuesta facilidad de transmisión del virus, el final fatalista y la seriedad con que el cámara se toma su trabajo, por lo que no deja nunca de grabar. Quizá Balagueró no encontraba suficientemente justificado este último elemento, por lo que cierra el film con una frase lapidaria: “Pablo, grábalo todo. Por tu puta madre”. Y quizá, también, se aprecie una cierta obsesión con justificarlo todo, de manera que la verosimilitud no se vea afectada de ninguna manera.
Para mí, una obra maravillosa. Balagueró me gustó en Los sin nombre, me encantó en Darkness, me desilusionó en Frágiles y me ha cautivado en [REC]. Y sin bombones.
Por lo que pudiera pasar, si oís a vuestra anciana vecina gritar, no llaméis a la policía. Huíd. Y si os sentís demasiado culpables como para abandonarla a su suerte, echadle Tranchettes por debajo de la puerta. Pero luego huíd. O acabaréis vomitando sangre, con lo que cuestan de sacar las manchas.
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27 Mayo 2008
La primera confesión
27 may 08 Autor: oinos
(OJO: ESPÓILERS.)
Contra lo que parece ser norma en esta profesión, a mí me divierten las películas de cámara al hombro (con persecuciones). Para completar la confesión, afirmo alto y claro que me encantó The Blair Witch Project, aunque admito que es una película en la que el peligro está en off; fundamentalmente por deficiencias presupuestarias. A mí me atrapan, me sientan a la silla y no me sueltan fácilmente. Además, como suelen durar menos de hora y media, las puedo ver un lunes, después de cenar, y luego ponerme a escribir este tipo de estupideces que nadie lee.
La elegida hoy ha sido Monstruoso, dirigida por Matt Reeves y producida por J.J. Abrams, uno de los creadores de Lost. Al principio prometía poco o nada, ya que se alarga en la presentación de la subtrama hasta veinte minutos. Que los veinte primeros minutos se dediquen a la subtrama, se quiera o no, acaba pesando e incluso confundiendo. Además, la subtrama cumple el mito de doncella-desprotegida-a-quien-rescata-su-amado-héroe. No me ha sorprendido.
Otro de los desaciertos es la aparición demasiado precipitada del monstruo. (Sí, amigos, se trata de un monstruo –al parecer-- alienígena, que devasta Manhattan.) A pesar de que su demora hubiera diluido la tensión de la trama principal, su precocidad desplaza la posibilidad de sentir miedo y curiosidad al mismo tiempo. De hecho, en los primeros planos, los edificios ocultan su figura hasta el punto de que yo intuí justamente eso: que tardaríamos a ver quién o qué provoca aquel caos. La dualidades son el motor de la ficción, sea cinematográfica o literaria. Valga como ejemplo el sentimiento dual de Luke hacia Darth Vader. O el encargo bíblico de Dios a Abraham: matar a su hijo para demostrar su fe. O el ánimo de Jimmy con David (Mystic River), su mejor amigo y el asesino-violador más probable de su hija. Incluso añado el final de Manhattan, lo cual nos envía de regreso a Monstruoso, porque sucedió en Manhattan. (Y este jueguecito os lo regalo.)
Los personajes principales deciden huir de la isla, algo más que lógico. Pero el héroe recuerda que su chica (una amiga a quien ha querido toda su vida, con la cual acaba de empezar una relación irregular) todavía sigue allí. La llama y la pobre está atrapada entre los escombros de su derrumbado edificio. “Tengo que volver a por ella”. Ya lo suponíamos, majo.
Al cabo de unos cuantos ataques que parecen letales, encuentran a la chica con una vara metálica atravesándole la piel entre la clavícula y el pulmón izquierdo. Lo más recomendable en estos casos, naturalmente, es desenganchar al herido, porque la sangre no sale expulsada a borbotones. Y lo más normal, si el herido sobrevive, lo cual es más que probable, es que si esprinta, el orificio de entrada y salida no se resienta. Así que nuestra anhelada chica consigue bajar desde un 39º piso hasta la calle y correr hasta Central Park, que, por lo que se ve, tampoco está tan lejos.
Aun así, a diferencia de Godzilla, este grandioso monstruo pare arañas hijaputas que se encargan de las presas pequeñas, mientras su progenitor entierra Manhattan bajo sus enormes patas. Este punto omnipotente me ha gustado.
Sin duda, faltan persecuciones al estilo de 28 días después, película de la cual sí que se toman prestadas algunas secuencias, como la del correr conjunto de las ratas, todas hacia la misma dirección. Me confieso, también, amante del peligro constante, sin tregua. (La secuencia de la escalera de 28 días después me pareció excepcional.)
Quizá el final esté demasiado estirado, sobre todo porque en el prólogo se nos indica que “esta cámara fue encontrada en lo que antes había sido conocido como Central Park”. Cuando los personajes suben al helicóptero y contemplan la obra del gran alienígena desde el aire, no sentimos el alivio esperado porque ya conocemos el desenlace de la trama, con lo cual quiero decir que sobran aproximadamente diez minutos; y que no nos desconcierta que en última instancia, el monstruo liquide al aparato con sus pasajeros.
Es cierto que no pierde tensión, aunque también es cierto que en las películas de cámara al hombro la tensión acaba dependiendo más de la realización que del guión. Al fin y al cabo, la ficción cobra fuerza cuanto más verosímil es la historia y cuanto más alejada está de la realidad. La cámara al hombro, en definitiva, no es sino el contacto entre polos opuestos: la ficción narrativa con el realismo de la realización. El resultado, en este caso, es ameno.
Y ya me callo.
26 Mayo 2008
Me lo quitan de las manos
26 may 08 Autor: oinos
El anuncio de Mikado me pone enfermo. No es actual. Se trata de cuatro personajes imbéciles, sacados de la mente edulcorada de un publicista demasiado puesto como para resultar solvente, que interpretan el Danubio azul de Strauss a base de mordiscos a las barritas promocionadas. ¿Acaso los creativos creen que somos imbéciles y que atenderemos a su desbordante ingenio? Quizá haya alguna estrategia subtextual en todo esto y, después de ver el anuncio, la gente corra a comprar Mikado urgentemente. O quizá el anuncio forme parte de un plan global para acabar con la humanidad tal y como la conocemos hoy en día. El caso es que a mí me dan ganas de sentar a su diseñador ante una pantalla de cine, apuntalarle los párpados para que no pueda cerrarlos, sujetarle la cabeza e ir suministrando solución oftálmica para que no se sequen las cuencas y esté obligado a no ver más que el mismo anuncio centenares de veces, a ver si así aprende a decir “compren ustedes estas barritas” sin tener que provocarnos vergüenza ajena.
Hoy me he dado cuenta de que los anuncios malos ya no son los de detergentes, si bien todavía hay algunos que conservan tan lamentable honor:
--Hola. Vengo del futuro para decirte que Neutrex es la lejía del futuro-- dice una mujer con el pelo blanco, encorsetada en un mono, pues eso, del futuro.
--Ah, ¿sí? Oye, ¿y por qué coño no me dices qué valores bursátiles tenderán al alza desde hoy hasta tu futuro? Así estaré tan forrada que dejaré al patoso de mi marido para irme con otro al que no tenga que lavar las camisas.
Otro de los spots para imbéciles es el último de ING, en el que vemos un plató en el que un presentador nos explica las prestaciones del producto y, de fondo, cinco o seis pantallas con imágenes del R-28 de Fernando Alonso, esponsorizado por ING. El presentador no hace ninguna referencia a la fórmula 1 ni a nada que se le parezca; simplemente intenta convencer al espectador, lo cual me inclina a creer que para los publicistas, el hecho de patrocinar el coche de Alonso, más que un medio de promoción, es una finalidad, para ponerse medallitas en plan “cuidadín, que yo patrocino a Alonso y por eso soy un buen banco que hace fresh banking”. Aunque, para ser sincero, los anuncios de ING me pasan tan inadvertidos como los de Polaris World, porque ni abriré una cuenta en uno ni me compraré una casa de otro, por más que me intrigue saber por qué siguen vendiendo viviendas.
Ante este panorama de –subjetivo-- fracaso de la publicidad en España, ayer apareció la luz: el anuncio de Fujitsu, sin hache. Publikda, que es una publicista que tiene un blog muy interesante sobre la materia, hace mención en uno de sus posts. Me ha parecido curioso aquello de vincular la hache con la marca, después de haberlo conseguido con el silencio en campañas anteriores. Quisiera añadir aquí el vídeo para que lo viérais, pero no lo he sabido encontrar, así que lo describo:
Sobre planos de aquello con lo que están directamente relacionadas, aparecen sobreimpresionadas palabras que empiezan con hache, pero que no la llevan escrita, y enumero de cabeza: ielo, otel, umor... Como remate, una voz en off muy suave dice: “No suena, pero cuando no está, lo echamos de menos. Fujitsu, el silencio”. Simplemente, magnífico. No sólo admiro el ingenio del publicista, sino también la facilidad con la que ha relacionado la hache (muda) con el aparato de aire acondicionado.
Un anuncio que ha despertado cólera en mi círculo es el del aire acondicionado York: “La duquesa de York come jamón york en Nueva York”. Es malo, pero creo que es justo tener en cuenta que la marca York aspira a hacerse un hueco entre tantas otras, y una buena manera de saber que hay una marca de aires acondicionados llamada York es, justamente, la usada: la eficacia en detrimento del ingenio.
Por triste que parezca, creo que el futuro de la publicidad está en la mentira, aunque sea una mentira muy bien calculada. Ayer mismo me enteré de que más del 50% de los estadounidenses que fueron al cine a ver The Blair Witch Project pensaban que, en efecto, se trataba de una cinta de vídeo encontrada en los bosques de Maryland. No hubiera ocurrido en Europa. Aquí somos más del escepticismo visceral y de la crítica racional e irracional. Pues bien, el bulo fue difundido a través de la red por los productores de la película. ¿Hay alguna publicidad mejor? No obstante, tampoco creo que a Mikado, a Neutrex, a Fujitsu o a York se les haya pasado por la cabeza un bulo como: “¿Te has enterado de lo que le pasó ayer a Ricky Martin con una sorpresa, un perro, su dueña y la mermelada de albaricoque? Pues resulta que el aire acondicionado era Fujitsu”. Aunque parece que si se trata de vender el producto, todo vale. Tiempo al tiempo.
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Sobre Es benigno
Soy guionista de ficción. Hasta ahora, todo lo que he escrito es comedia para televisión. Me gustan la narrativa y el sexo, aunque practico más lo primero porque no exige demasiado esfuerzo físico y no hay nadie obligado a formularse una opinión. Creo que las controversias del mundo se resolverían si la gente caminara desnuda por la calle, con lo cual, probablemente, aumentarían los resfriados, lo cual, probablemente, fomentaría el desarrollo médico. Mientras tanto, un café y su cigarro protocolario me ayudan a vivir bien.![]() |
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